La corteza

el

Es posible entrar en la infancia de otra persona.

No hablo de inventar una historia lo suficientemente hermosa,

o triste, o rara, que nos dé la ilusión de estar unidos,

sino de entrar, como entra la raíz de un árbol en la raíz de otro,

cuando el espacio que los separa es poco. Hablo

de troncos diferentes creciendo en un suelo común,

en una misma dirección, de tal manera

que no se podría derribar uno solo sin precipitar

la caída de los dos. Se puede entrar así,

no en un cuerpo, sino en la memoria de ese cuerpo,

en la reverberación del impacto que tuvieron sobre él

las primeras voces escuchadas, en su alegría

ante la experiencia del contacto físico, del encuentro

con las fuerzas tremendamente violentas de lo vivo. Es posible

saber del pavor que lo aisló desde entonces,

que lo hizo cerrarse en sí mismo para no ceder al deseo de ser tocado

y de tocar. Quizá haya una forma de compasión

o acuerdo capaz de traspasar la dura corteza

de la propia vida, demasiado pequeña para abarcar

la intensidad del mundo, tan extrema

que sólo se soporta en compañía.

 

CLAUDIA MASIN

 

eye

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s